Hoy, Gerardo Fernández Noroña recibió al polémico Manuel Bartlett en una reunión pública en el Senado, calificada por ambos como “amistosa”. Noroña destacó a Bartlett como “un patriota” y defensor histórico de la soberanía energética, especialmente por su oposición a la privatización de Pemex y la CFE y por sus gestiones al frente de la CFE, que supuestamente ahorraron alrededor de 4 mil millones de dólares.
La crítica necesaria: ¿Olvido conveniente?
Este gesto público de respaldo resuena con fuerza teniendo en cuenta el oscuro historial priista de Bartlett:
- Durante su cargo como Secretario de Gobernación en 1988, Bartlett presidía la Comisión Federal Electoral cuando ocurrió la célebre “caída del sistema”, episodio que consagró el fraude electoral a favor de Carlos Salinas de Gortari.
- En 1986 fue señalado como autor del llamado “fraude patriótico” en Chihuahua, que impidió una alternancia en el estado.
- Su riqueza desproporcionada despertó críticas. Una investigación periodística lo vinculó con un patrimonio oculto —25 propiedades valoradas en más de 800 millones de pesos— registrado a nombre de familiares o allegados.
- Columnistas lo han etiquetado como parte del “sistema”: un político que combinó represión, sospechas por asesinatos emblemáticos (como el del periodista Manuel Buendía y el agente de la DEA Enrique Camarena) y corrupción institucionalizada.

Esta historia no desaparece con un simple acto protocolario. Por el contrario, el respaldo a Bartlett huele a olvido conveniente, justamente cuando Noroña se hizo famoso por denunciar los vicios del PRI durante su militancia en aquel partido. Hoy, defender a Bartlett puede ser visto como un rechazo al pasado que Noroña solía encomiar y criticar con fuerza.
Hoy, Gerardo Fernández Noroña se reunió con Manuel Bartlett en el Senado y lo llamó “un patriota” que ha defendido a la industria energética nacional. Un gesto sorprendente, si recordamos que Bartlett fue pieza clave del PRI, señalado por el famoso fraude electoral de 1988, acusado de orquestar el “fraude patriótico” en Chihuahua en 1986, y cuestionado por acumular un patrimonio millonario a través de familiares y prestanombres.
Que Noroña—quien solía señalar con dureza el autoritarismo y la corrupción del PRI—lo reciba hoy con elogios revela una contradicción peligrosa. Apoyar a Bartlett sugiere borrar un pasado que tanto criticó y pone en entredicho su coherencia y su aprecio real por la ética pública.


